miércoles, 29 de diciembre de 2010

La lectura de hoy

Hace un par de días, en un blog que leo silenciosamente, apareció un post que casi casi dice lo que yo venía queriendo comenzar a escribir sobre adopción.
El blog se llama revista cotorra, y la dirección, post incluído, es http://revistacotorra.blogspot.com/2010/12/coto-ayuda.html#comments
Impecable post, que aparte fue adornado por imperdibles, y algunos deleznables, comentarios relacionados con el tema.





viernes, 12 de noviembre de 2010

Tres años

De repente caigo en la cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, o las etapas, o las edades infantiles.
Hasta hace muy poquito Cami era una bebota. Aunque ya no usara chupete o pañal, seguía teniendo actitudes bebotiles.
Pero de repente, ya no.
Escucha muy atenta cuando la gente le habla y se toma su tiempo para pensar la respuesta.
Se mimetiza entre los más chiquitos que hablan menos, pero no se pierde la pisada de nadie, y después me cuenta todo, como una cotorra.
Sabe perfectamente cuándo decir "te quiero mucho" en tono comprador (muy distinto al "te quiero mucho" bajito y sentido que dice cuando le sale del alma, agarrandote los cachetes), y a veces se lo dice, por ejemplo, a la vecina, de puro seductora que es. Y la vecina queda casi desmayada de amor.
Lo cierto es que ya comenzó a darse cuenta de las armas que tiene, y cada vez las usa mejor.
Son los tres años!

jueves, 14 de octubre de 2010

Panza

Desde hace unos días, tres antes de su cumple 3, para ser exacta, Cami empezó a ponerse cositas en la panza, abajo de la remera, que simbolizaban bebés.
Lau, la mamá de Maia, compañerita del jardín, está esperando un bebé, aunque todavía no lo dijo a voces. Aun así, Cami me dijo "tengo un bebé en la panza, como Lau".
Hoy, mientras estábamos en su cama haciendo la ceremonia del dormir, se puso un patito de peluche abajo de la remera, y me dijo "vení, mami, dale besitos a mi bebé, que está en mi pancha", panzota enorme de bebé patito!
Recién fui a sacarle el pato, y me morí de amor al verla tan chiquitita, agarrándose la pancha mientras dormía.

Maternidattt

Hoy, mientras lo sentía, mientras me parecía que se me desbordaba el alma, pensaba en cómo describir este amor tan grande que siento por Camila.
Y lo pensé y lo pensé, pero creo que es imposible de explicar. El amor por esta hija mía es infinito, tan tangible y tan hermoso!

jueves, 19 de agosto de 2010

Las Mamás del Jardín

Otro de los temas que rondaban mi mente en la previa del comienzo del jardín de Cami eran las mamás.
Las Mamás del Jardín.
El clásico "me lo dijo una mamá del jardín", o "una mamá del jardín es arquitecta y dice que..." eran formatos de frases que me ponían un poco alerta.
Pero aparte, como plus agregado y, por qué no, prejuicioso, estaba el hecho del jardín judío.
No uno así nomás. Judío.
Fantasías, y prejuicios, merodeando en mi cabeza, haciéndome arrepentirme de antemano al imaginarme a esas chicas de country, vestidas con camperas de leopardo y pelos platinados, cadenitas doradas y carteras imitación (pero imitaciones buenas, las compré en New York) Prada o Vuitton, hablando de spas, dinero y problemáticas con la mucama.
Prejuiciosa.
Me hago cargo.
Primero porque sé, lo sé, que tener un saco aleopardado, usar stilettos con calzas negras brillantes, y/o tener una cartera imitación (buena), en nada modifica que una persona sea copada o no. Sí, sé que está de más hasta la explicación, pero no podía dejar de hacerla después de haber contado mis prejuicios ante el caso.
Segundo porque por ahora no me encontré rodeada de chicas barbies (que por supuesto a esta altura ya quedamos en que no hubiera sido un problema) si no más bien lo contrario. Pibas muy sencillas y, después de unas cuantas charlas, tan reas como puedo ser yo.
Ya casi que tengo un grupo de amigas de las mamás del jardín!
Uffffff, qué bueno.
Qué bueno tener pensamientos boludos, saberse boluda por tenerlos y confirmarse bastante boluda, pero al menos consciente, después de experimentar lo contrario a lo que se temía.
En fin, Cami contenta con su jardín, mamá contenta con las mamás del jardín.

viernes, 30 de julio de 2010

Growing up

Ya faltan poquitos días para que Cami empiece el jardín.
Es una etapa tan llena de transiciones, de evoluciones y cambios, que creo que todavía no cobro la dimensión de lo que se viene.
A principio de año dejó el chupete (un poco apalabrada, porque no estaba muy convencida -y yo tampoco-), y empezó a estar sin pañal cuando estábamos en casa y mientras duró calor. Cuando empezó el fresquito, empezamos con la importante tarea de enseñarles al pis y a la caca que tenían que esperar a llegar al inodoro, y entonces, mientras corríamos al baño, ella iba diciendo "esperá, pis" o "aguantá a llegar al inodoro, caca", dependiendo del tema en cuestión, y entonces se bajaba los pañales y hacía. Después pasamos a las bombachas inconstantes, al cambio por mojarlas un poco, al pañal- bombacha, bombacha- pañal, y finalmente a las bombachas siempre secas. Envolví al colchón con una bolsa grande, y ya estoy por sacársela, porque sólo una vez no contuvo y ya se despierta a la mañana diciendo "quiero ir a hacer pis".
Juega solita con sus muñequitos, inventa historias maravillosas, diálogos imperdibles, graciosos. Canta casi todo el tiempo, baila cuando escucha música, y te dice lo que le gusta y lo que no; fundamenta sus deseos y sus gustos, y me dice "te amo" y "te quiero mucho". Aparte, hace el caso contrario a todo lo que le digo. Especialmente al "no". Maravillosa. Rebelde. Mimosa.
Y ahora, el jardín, el comienzo de la escolarización, la independencia -mutua-, otras actividades, otros tiempos. Adiós a la nena-bebé, bienvenida la nena chiquita.
Emoción total.
Amor!!!!!!!!!!!!!!!

jueves, 29 de julio de 2010

Los jardines propios

A poner derecha la espalda, levantar la frente y ver colores brillantes he dicho!
Basta de sentirme tan mal, y a ser emocionalmente independiente, como otrora!

...Entonces me fui a comprar las tres macetitas con una flor bonita que había proyectado, hace ya un año, para el pasillo de entrada. Transplanté otros dos proyectitos de zanahorias, reubiqué unas macetas en el patio del medio, para tener una visión más placentera, y guardé semillas de calabaza para hacer dos plantas en macetas.

Cami, re contenta ayudándome a hacer todo, y esperando a que crezcan las zanahorias.
Yo, y para decirlo no puedo dejar de ser horriblemente cursi, comenzando a sacar hojitas y proyectando florecer en algún tiempo no muy lejano. Si no fuera que soy yo la que escribe de mí, no podría creerlo.

miércoles, 28 de julio de 2010

Descubriendo sabores

La forma de cocinar, o de saborear una comida, tendrá que ver con la forma de sentir, vivir la vida?
Alguien que come la carne seca, que no gusta de las salsas ni de las comidas compuestas, que para hacer sopa, hierve el caldo por un lado y los fideos o el arroz por el otro para mezclarlos al final... qué representa? Por mi experiencia, una persona triste y con el ceño fruncido, que se ríe poco y pasa el día sufriendo, aunque tenga todo para ser felíz.
Pareceré loca, pero no creo que sea poca cosa. No en vano se utilizan ejemplos de cocina para describir a alguien. Es un tipo soso, o le falta pimienta, qué mina picante, etecé, etecé...
Así, la comida judía rusa es más bien tristona y poco sugerente (como un personaje de Dostoievski) y la turca es mucho más atractiva y gustosa. Y eso que la parte judaica que tengo es rusa, eh.
Pero bue, también tengo mi parte italiana, bien olivera, y mi parte gallega (si, de Galicia) bien salpimentada.
O sea, mezclo la sopa cuando la hago o, si hago un caldo grande, después hiervo los fideos en él, en porciones más chicas. Me encantan las comidas con salsas y jugos (aunque la carne no me gusta roja, cruda), las especias y, sobre todo, pasarla bien en la mesa, charlando, riéndome y disfrutando.
Y aparte: me encanta hablar de comida, antes, durante y después. Y si estoy sola, me encanta pensarla y paladearla.


martes, 27 de julio de 2010

Cadena

Abrir. Mirar.
Soltar. Soltarse.

Aquietarse. Saber. Yo soy.

Soñar. Reírse. Vivir. Reírse.
Limitar. Acceder.
Caminar. No temer.
Traspasar. Dejar atrás.

Aceptar. No sufrir.
No enojarse. No enojar.

Sonreír, gritar risa, correr riendo
dormir riendo.
Vivir riendo.

Eso quiero.

lunes, 18 de enero de 2010

Desencuentro

Quisiera salir en esta plena noche de lluvia, tomar carrera, brazos hacia atrás, mucho aire, gritar "RAIIIIIIIIIIIIIIIIIISAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA" con todo mi ser y que vengas corriendo, contenta, al abrazo interminable.
Pero no. Ya lo hice y no me escuchaste.
Pienso en vos. Pienso en vos. Pienso en vos.
Que estés bien, que se te esté pasando el susto, que me busques y me busques, y nos encontremos.
Lloro.

lunes, 31 de agosto de 2009

Océanos

Nunca lo tocó. Cuando era chiquitito, bebé, lo cuidaba una amiga que vivía adelante. No lo bañaba, no lo acariciaba, lo tocaba lo mínimo indispensable.
El pobre sufrió el castigo de ser el hijo de un cliente. Nunca entendió tanta indiferencia, tanto odio, porque siempre creyó que era el hijo de su padre. Hasta que empezó a pensar.
Su padre lo trataba con distancia y tristeza. Claro. Ese nenito bonito y gordinflón era la imagen del pasado de su joven esposa, aunque le inspiraba cierta ternura a veces. Quizás era pena.
Ella lo miraba y se le retorcía el estómago. Cuando descubrió que estaba embarazada, aunque trataba de imaginarse de quién podría ser, no lograba saberlo. Tampoco lo supo durante los primeros días de nacido. Pero al mes y medio, más o menos, comenzó a sospechar de quién era hijo. Y el recuerdo no la hacía felíz. De todas las personas con las que la habían hecho trabajar, ese tipo era el último del que hubiera querido quedarse con un recuerdo.
Y ahí estaba. No podía tocarlo. Cada día se parecía más y lo único que podía hacer, era alejarse.

Ernesto estaba solo. Había dejado a todos en Ucrania. Y estaba triste. Triste.
No encontraba razones para levantarse a la mañana.
Cuando se fue, pensó que iba a estar mejor en un nuevo lugar.
Sin embargo, todo era demasido distinto. La vida se le hacía muy difícil. El idioma y las costumbres le eran totalmente ajenas.
Y a veces, de noche, lloraba. Y al día siguiente le dolía el cuerpo de tanta caña que había tomado.
Salía a trabajar ojeroso y gris, con sus anteojos redonditos y el pelo engominado hacia el costado.
No era feo tipo. Aunque un poco bizco y con calvicie incipiente, lo que le quitaba atractivo era esa actitud de poca cosa que tenía.

El primer tiro se lo pegaron en el barco en el que la traían. Tenía 16 años y a los pocos minutos de embarcar se avivó de lo que pasaba.
La Tía Ester se ofreció a acompañarla en el viaje. Sus padres no podían viajar, la extrema pobreza en la que vivían a gatas si les alcanzaba para darles algo de comer al resto de los hijos.
Aparte, ella fue quien hizo de celestina entre el muchacho adinerado que vivía en la Argentina y su sobrina. Sobrina bastante lejana, pero sobrina al fin. Y a ella le preocupaba mucho poder salvarla, sacarla de esa vida que no iba a llevarla a ninguna parte... Con lo linda e inteligente que era...
Así que con una foto de un hombre joven ricamente vestido y un pedido formal de mano hacia los padres, carta de amor hacia Rita, los convenció (¿sacándoles, tal vez, un peso de encima?) y emprendieron el viaje hacia acá.
Pero.
Pero el pasaje no era para la cubierta. No era para un camarote de lujo con dos cuchetas. No era para una novia.
La metieron en un cuartucho oscuro, abajo, con otras seis chicas y dos mantas apolilladas.
La tía desapareció en los pisos superiores.
El resto de las chicas estaban igual de confundidas. Todas tenían al mismo futuro esposo esperándolas en Buenos Aires.

El nombre de Cosito

Es Lautaro.
¡Y le queda perfecto!

viernes, 21 de agosto de 2009

Lecciones

Me pregunto cuántas veces yo seré igual de metida, sin darme cuenta.
En cuántos momentos me pondré a opinar, a aconsejar como suegra mala onda, aunque con la mejor de las intenciones.
Porque eso es lo que pasa: uno aconseja siempre desde el cariño, el cuidado hacia el otro, partiendo de una autorreferencia.
Y, lamentablemente, generalmente las autorreferencias no son bien recibidas desde el otro lado, sobre todo si son negativas.
Hoy ya me venía craneando sobre una amiga, una gran amiga, que ultimamente me aconseja aleccionándome, y retándome si viene a su caso, según sus propios niveles de pensamiento. Y como vengo bastante bien adiestrada con el libro "Guía Inútil para Madres Primerizas", de Ingrid Beck y otra chica que ahora no recuerdo, que habla sobre la maternidad y sus aledaños, pero que yo extendí hacia el resto de la vida, me reía imaginando qué pasaría si todas las personas a las que ella juzga y comenta, le dijeran cada cosa que piensan acerca de cómo cría a sus hijos, cómo maneja su carrera, qué relación tiene con su marido, lo bien o mal que le terminaron la casa...
Sin embargo, calculo que a nadie le interesa hacerlo, porque usualmente cada uno observa al otro y respeta las formas.
Hoy a la noche, en medio de un cumple tranquilo y relajado, el marido de mi amiga me invitó a sentarme al lado suyo para preguntarme qué tal iba la obra, y a partir de ahí aleccionarme sobre la cantidad de veces semanales que tengo que ir, predecir que era probable que me dejaran la casa tan mal como les había quedado a ellos, analizarme sosteniendo que yo no me peleaba con los constructores porque ellos tenían mi plata (!!!???)
Y, basicamente, mirarme seriamente los dos, casi con pena, y decirme que no me angustiara, que no querían generar una pelea entre Leandro y yo por este tema. (Requete !!!???)
Ehhhhhhhhh??????????
Jajajajajaa, no, la verdad que no me angustia fue mi respuesta sincera. Después, igual, le pregunté a Leandro si le parecía que fuera a ser así, más allá de todo lo que a nosotros nos puede gustar más, o menos de la forma de manejarse de los constructores. Y no, claro que no.
Pero igual, como ya venía pensando a la tarde sobre estas formas de mi amiga, que ahora se potenciaron con las de su marido, realmente me pregunto cuántas veces yo seré igual?
No, no. Decididamente, voy a estar más atenta. No quiero ser así. Ni por un minuto.
Porque, más allá de quererla con el alma, a veces, con estas cosas, se me van las ganas de verla.
Avisenme, eh, si me zarpo así.

viernes, 22 de mayo de 2009

Cosito

Cosito llegó ayer a la tardecita. No sabemos cómo se llama porque sus papás todavía están eligiendo el nombre, que va a ser hermoso. Cosito es una bolita preciosa que duerme y duerme; tiene carita plácida y cachetes grandotes y rosados.

sábado, 26 de julio de 2008

Largos viajes hacia la noche

Desde que tengo memoria, mis días fueron largos viajes hacia la noche. Porque a la noche me despertaba.
Durante el día, iba contando los minutos, inconcientemente, para que todo se callara.
Y cuando todos se iban a dormir, yo me sentaba a dibujar, a escribir, a pensar.
Al otro día me tenía que despertar temprano y vivía dormida. De día. Y en cuanto podía me dormía una siesta en medio de una clase, a la hora del almuerzo o en el colectivo, de vuelta a casa. Y lo que me costaba resolver durante el día, a la noche lo solucionaba muy relajada.
Pasado y presente, porque me sigue pasando.
Ahora, de todas formas, me duermo bastante temprano por el cansancio; pero me queda una sensación de desperdicio, de pérdida de tiempo y de ideas.
Sigo viajando hacia la noche. Cada día. Pero cuando llego, no me bajo.

martes, 17 de junio de 2008

Distancias

Es extraño sentirse lejos. Quizás me sucede desde hace bastante tiempo y no quise verlo. A veces hago esas cosas. Niego, es evidente. Pero la negación tiene un vencimiento.
Ahora noto la distancia. No las diferencias. Las diferencias enriquecen las relaciones. La distancia la pone la forma extrema de pensar, de hablar, de juzgar.
Y entonces, cuando siento rotundez en las palabras del otro sobre situaciones que me atañen, ¡piuuuuuum! me alejo inmediatamente.
Y me invade una tristeza difusa, confundida.
Cuando pasa el tiempo me doy cuenta, ¡upa, que soy viva! que todo se va modificando. Que las relaciones cambian, la gente elige cosas muy distintas a lo que una elige y a veces eso se hace complicado de manejar.
Yo también soy rotunda en muchas cosas, poco tolerante. Es cierto. Pero no acostumbro ponerme a dar cátedra sobre lo que pienso que está bien o que está mal.
Tal vez la equivocada sea yo. Quizás sea un poco paranoica, también.
Pero la verdad es que cada vez que alguien da una opinión categórica sobre algo que me toca a mí, me rompe las pelotas. De hecho, en realidad creo que me rompe las pelotas porque me doy cuenta que me aburro.
Que la soberbia del otro de creer que lo que está diciendo es lo que vale, me duerme.
Y eso me entristece.
Y me aleja.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Miedos

Como si fuera fácil salir de la casa de la bruja y sentirte contenta.
¿Qué es lo que querías saber? No lo sé. O sí. No sé. Sólo creo entender que por alguna razón me muero de miedo y me paralizo. Empiezo a decirme que soy medio tonta, que tengo una limitación. Cuando me pregunto cuál, no me sé responder.
¿Cuál es mi limitación? ¿El miedo? ¿El miedo a qué?
Hoy me preguntaron cuál era mi fobia, a qué le tenía pavor.
Y respondí que a nada. Es cierto, a nada en cuanto a animales. Sin embargo, evidentemente tengo mucho miedo a... ¿cómo llamarlo? ¿Progresar? ¿Lograr cosas por mi cuenta? ¿O tengo miedo de no lograrlas y por eso ni siquiera las empiezo? No lo sé...
Pero la sensación es sumamente molesta. Si.
Y es difícil de hablarlo con alguien. Porque es difícil de entender, también. Supongo que una buena terapia sería bastante esclarecedora. ¿Será cuestión de empezar? Puede ser.
Ja! Como con todo. Es cuestión de empezar y de continuar.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Rayas altas


Navegando por blogs de otros lares encontré este post que me hizo reír y sentir identificada. El dibujo, que lo tomé prestado del blog, lo hizo Betty Moore. Es una pequeña descripción de mí misma: il buco nero (el agujero negro)

lunes, 13 de agosto de 2007

Tres Historias de Buenos Aires: El velorio del Enzo

Todo empezó en el velorio del Enzo.
Vino Cholo, compungido hasta la médula, y me abrazó de tal manera que casi escupo los pulmones.
No puedo precisar por qué, pero me resultó un poco raro que se me quedara colgando del hombro izquierdo, moqueándome el homóplato, sin levantar la vista durante tanto tiempo. Llegado un momento fueron varios los que pararon de chusmear barbaridades del pobre muerto para darse vuelta a mirar qué mierda le pasaba a Cholo.
Tipo raro, Cholo. Siempre calladito. Verdaderamente era algo así como la mascota del grupo. El Enzo se la pasaba cargándolo y pegándole palmaditas en la cabeza. Cholo se reía, porque adoraba al Enzo, pero a mí muchas veces me daba lástima. Es verdad que el Enzo lo quería, pero parecía creerse su dueño y más de una vez, estoy segura, lo lastimó. No con las palmaditas. El Enzo era bestial cuando empezaba a gastar. Y Cholo demasiado débil para defenderse. El resto se cagaba de la risa y eso era suficiente para los dos.
Quién sabe cuál de nosotros hubiese ocupado el lugar de Cholo si no lo hubiéramos conocido. Tal vez Normita, que era tan histérica. O yo, gorda y sin tetas... Pero no. A último momento entró Cholo, grandote y tímido, y hasta el profesor nos dio la bienvenida a la secundaria tomándolo para el churrete a él.
El Enzo siempre jodía con que, si se moría, quería que en su velorio todos estuviéramos contentos. Yo le decía que igual él iba a ser el último en morirse y se reía. Todos nos reíamos, y en esos momentos Cholito se le ponía al lado, serio, y le pegaba una piñita en el brazo.

Ahora lo tenía al loco Julio y a Normita mirándome fijo, al Cholo encima mío, que pesaba una tonelada, y a uno de los dedos entrecruzados del Enzo señalándome. De pronto el peso de Cholo me tiró al suelo, se me oscureció todo y sólo escuché, a lo lejos, la voz de Carlucha que gritaba ESTÁN MUERTOS, ESTÁN MUERTOS. Me acuerdo que pensé ¡No lo puedo creer! ¿Y por qué me morí?

Al fin me desperté. Los clásicos azulejos deprimentes de las casa velatorias me hicieron de custodia hasta que Carlucha y el loco Julio se avivaron y me abrazaron llorando. ¿Qué me pasó? pregunté riéndome. Pelotuda que soy que pensé que lloraban por mí.
Se miraron. Carlucha parecía preguntarle algo al loco con la mirada. El loco pareció responder que sí, serio como nunca. Me tenían las bolas llenas con tanta pregunta muda así que dije ¿
se calmó Cholito?
Si...
susurró Carlucha, mirandose la punta de los zapatos y empezando a llorar desenfrenadamente. Entonces el loco dijo, muy bajito... Cholito se calmó.
Y más bajito
... Cholito se murió.

miércoles, 18 de julio de 2007